La Guerra de nunca acabar

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Ya es tarde para Michoacán, ya es tarde para lo que se logre hacer por la paz y el orden, porque las bajas humanas y el caos que reinó por tanto tiempo han pasado la factura, de manera que el dolor y el miedo generado durante estos años terminó levantando a los ciudadanos en armas, precisamente por la indiferencia o la complicidad de las autoridades locales, estatales y federales, de los tres partidos políticos, PRI, PAN y PRD.

Lo peor del nuevo esquema de seguridad que se pretende aplicar en Michoacán, es el tufo de rescate imperial, es la sensación de salvamento ante el reconocimiento público de impotencia del gobernador. No había necesidad de instalar un montaje espectacular de ocupación sólo para ponerle nombre al héroe salvador.

 Michoacán es soberano, por supuesto, pero forma parte de la federación republicana, por lo tanto, en todo momento el gobierno federal detenta competencia legal para establecer el orden, la paz y la persecución del delito; la misma ley le exige que ese trabajo lo desempeñe en coordinación con las autoridades municipales y estatales.

El salvamento que ahora nos presentan es una confesión de parte, es el reconocimiento de abstención del cumplimiento del deber por parte del gobierno federal; por ello, ante la ausencia del poder del Estado republicano, la ciudadanía encontró en las autodefensas como último recurso, una manera de reestablecer el orden ante tantos años de impotencia.

No hace mucho tiempo, una iglesia cristiana evangélica radicada en ese Estado, durante el culto dominical incursionaron hombres armados disparando al techo, subiendo al altar y bajando por la fuerza al pastor para mantenerlo secuestrado por varios días, exigiendo de la feligresía el pago por el rescate que finalmente cubierto concedieron la libertad. Es sólo una historia entre un millar de acontecimientos que terminaron en el hartazgo ciudadano.

 Solicitamos privilegiar la inteligencia policiaca antes que la vanidad desgastante de despliegues policiacos y políticos sin sentido. La ciudadanía viene de una guerra contra la delincuencia inútil para situarse en una guerra civil, y lo que menos desea es una sensación de más violencia. Por ello, la fuerza del Estado se demuestra con certeros golpes mediante los recursos de la inteligencia policiaca, dejando siempre la sensación de paz y orden.

Y para que los gobiernos local y federal recobren credibilidad ante la población michoacana, deberán rendir cuentas con plena transparencia y total información sobre los motivos por los cuales al menos durante el último año, en un estado con gobernador priísta no existió coordinación y trabajo conjunto con el gobierno federal, y además, hacer las investigaciones respecto de los gobiernos pasados que de alguna manera toleraron que la delincuencia se apoderara del Estado.

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